Los cristales purificadores de energía

La simple práctica de tener por unos minutos una piedra de las llamadas cristales energéticos, entre las manos puede purificar las emociones, contribuyendo a la relajación, ya que determinadas piedras absorben la energía negativa, a la vez que emiten buenas ondas.

En la bioenergética, y otras ciencias que trabajan con energía, se dice que la atracción es al revés que en el magnetismo: la buena energía atrae a su similar y la negativa, igual. Por lo tanto, cuando una persona está cargada de energía negativa, la transmite, pero también la atrae.

Si bien los terapeutas que trabajan con gemas o cristales utilizan piedras de gran tamaño, no es necesario en la vida cotidiana, ya que los expertos necesitan más potencia con fines curativos.

No es necesario, por otra parte, que la piedra esté pulida. Puede conseguirlas sin pulir a mejor precio.

Si se desea, una piedra pequeña se puede usar como dije en una pulsera o cadena al cuello, lo que garantiza que toque la piel. Elija entres estas piedras, de acuerdo con su necesidad. Todas son equilibradores.

La amatista. Piedra preferida de los terapeutas, purifica la mente, calma el sistema nervioso, aumenta la intuición. Es un gran estabilizador anímico.

Las ágatas son útiles para limpiar de energías pesadas, tranquilizan, calman y a la vez transmiten fortaleza espiritual.

El cuarzo Manco, traslúcido, es un equilibrador poderoso y regulador de la energía.

El topacio es útil en los estados depresivos y en el cansancio, estimula y favorece la asimilación, no sólo de nutrientes sino también de ideas.

Antes de usar un cristal, hay que proceder de la siguiente manera:

Enterrarlo en sal si es posible, marina tres días y tres noches. Luego lavarlo con agua, jabón y cepillo y dejarlo secar sobre un paño blanco limpio al sol, mejor si es de la mañana, una hora como mínimo.

Una vez limpio, el cristal se coloca durante unos días en un ambiente que frecuentemos y luego se utiliza para limpieza energética:

Colocar dos cuarzos transparentes, uno en cada mano, y acostarse. Practicar alguna rutina de relajación, respirando profundamente.

Esto equilibra la corriente energética del cuerpo.

Otra práctica es, luego de hacer masajes a otra persona o de un día de mucha tensión, tomar una amatista del tamaño de una nuez entre las manos o varias pequeñas y moverla entre las palmas durante diez o quince minutos.

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